INFORMACIÓN
Plaza de la Paz, 1
31395, Barasoain
Navarra (Spain)
+(34) 948 75 20 63
Historia
Caserones

Cuando el viajero llega ante la fachada del Hotel MERINDADES DE NAVARRA, contempla uno de los antiguos caserones que forman el núcleo histórico de la Villa de Barásoain. En concreto, se trata de la que en los siglos XVI y XVII fue conocida como Casa de Arrayza, cuya pared norte encuadra, junto a otros caserones, la Plaza de los Fueros. Estos edificios pueden reconocerse gracias a los escudos que resaltan la belleza de sus fachadas de sillería y sillarejo, y así podemos ver las que en aquellos tiempos eran las casas de Olzamendi y Azpilcueta 1, actual Sociedad Cultural Deportivo Recreativa Valdorba, la de Ollo y Amátriain 2, hoy Bar-Asador Ángel, la de Olagüe y Lanz de Iribarren 3, la de Sanz Normant 4 y, como no, la Casa-Palacio de Azpilcueta 5, donde nació el insigne Martín de Azpilcueta, más conocido como Doctor Navarro.

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Salvo ésta última, que, a pesar de Don Martín, tiene más forma de palacio (aunque no lo fuese legalmente) que de caserón, todas ellas responden al tipo de edificio que, con las variantes que imprimen el paso de los años y las modas, levantaron en la zona los agricultores más o menos acomodados de los siglos XVI, XVII y XVIII.

Avatares de la vida han hecho que nuestro Hotel ya no conserve el escudo que tiempo atrás ennobleció su curioso portalón principal (labrado en un solo bloque de piedra), sirviendo como visible testimonio de la hidalguía que debía reconocerse a sus moradores.

Esta dignidad fue conseguida entre 1670 y 1677 por Lorenzo de Arrayza, que colocó el escudo en el frontispicio de su casa y ganó, por sentencias de la Real Corte y Consejo del Reino de Navarra, el derecho oficial a exponerlo. Para ello tuvo que pleitear, y no poco, contra los representantes de la Villa de Barásoain y el fiscal del Reino, que quisieron denegarle ese derecho. No es extraño que así sucediera, dada la legislación restrictiva existente, pues tal reconocimiento llevaba emparejado el de la hidalguía del posesor y, así, los privilegios de baja nobleza, como la exención en el pago de algunos impuestos de la época (pechas, alcabalas, quarteles, etc.).

Firma Lorenzo

La familia Arraiza llevaba al menos dos siglos residiendo en Barásoain, y tanto el bisabuelo de Lorenzo, Pedro, como su abuelo, Miguel, habían sido regidores del lugar. Esto es, representantes y administradores de una localidad que aún no tenía derecho a nombrar alcalde. El mismo Lorenzo de Arraiza desempeñó dicho cargo en 1656, antes de ser en 1670 el tercer alcalde ordinario que tuvo Barásoain, ya que en 1665, y gracias a un donativo de 700 ducados que sus habitantes hicieron para los esfuerzos de guerra, el rey Felipe IV le concedió la dignidad como Villa y el derecho a designar por sí los alcaldes.

Todo ello fue aprovechado por Lorenzo de Arraiza para reivindicar la hidalguía de sus antepasados, afirmando que era costumbre vieja en Barásoain dar los cargos superiores a los hijos-dalgo, ya que los señores de los Palacios valdorbeses (y citaba los de Azpilcueta y Jaureguizar, Leoz, Eristain, Lepuzain, Rada, Oricin e Iriat) no hubiesen aceptado otra cosa.

Además, puso en claro su derecho a ostentar cuatro escudos en uno sólo, como descendiente de otras tantas casas hidalgas. Y es que con diversos documentos, que iban desde principios del siglo XVI hasta la fecha de sus contratos matrimoniales con María de Sagasti, en 1660, demostró que su familia paterna procedía de la llamada Casa de Arraiza de Enériz, y su madre, María de Olcoz, de las casas que en Leoz y Olcoz llamaban Olcocena. A su vez, su abuela paterna era hija de Martín de Ollo y Amátriain, señor de la casa que en Barásoain llevaba su mismo nombre, y que aún puede verse con claridad en el escudo que tiene la fachada del ya citado Bar Ángel. Por último, demostró que su bisabuela procedía de la Casa de Remírez de Amátriain, que también hoy se conserva bajo la iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción (cuyo escudo, por otra parte, procedía sin duda del Palacio de la localidad de Amátriain, donde también estaba reproducido, al igual que en otra casa de Pueyo que también había pertenecido a los Amátriain).

Escudo de Lorenzo de ArrizaAsí, el escudo de Lorenzo de Arraiza quedó registrado en el Libro que el Rey de Armas de Navarra (un funcionario) compuso a mediados del siglo XVIII, como registro oficial de las casas y familias nobles e hidalgas del Reino. Según el arte del blasón, el escudo debería describirse: Cuartelado: 1.- De plata, burelado de gules (rojo), y lobo de sable (negro) en la punta: Arraiza; 2.- De plata, árbol de sinople (verde) con jabalí de sable brochante (traspasando) y una cruz de gules en su copa, flanqueada por dos veneras (conchas): Olcoz; 3.- De plata, cruz de gules cantonada de cuatro picarazas de sable: Ollo; 4.- De plata, tres escudetes de gules con palos de plata, rodeados de tres cruces de gules y dos estrellas de sable: Remírez de Amátrian.

Árbo Genealógico

Poco después, el nuevo hidalgo, Lorenzo de Arraiza, cuya esposa había muerto, contrajo matrimonio con una de las principales viudas del pueblo, Margarita de Rada y Elío, quien descendía del Palacio de Orísoain y poseía el de Dundrín, a las afueras de Barásoain. Don Lorenzo no debió disfrutar de ese Palacio de Dundrín, pues Margarita de Rada ya tenía descendencia masculina de su primer matrimonio, pero como anécdota señalaremos que, paradojas de la vida, siglos después, lo que quedó del Palacio, convertido en huerta, quedó vinculado durante décadas a los posesores de la antigua Casa de Arraiza, en concreto a Benito Fresán.

No nos adelantemos en el tiempo, sin embargo, y por ahora dejemos señalado que poco duró este relativo esplendor social y moral a los dueños de nuestra casa, pues el primogénito de Don Lorenzo, Pedro de Arraiza, empezó vendiendo diversos cuartos de casa en 1681, 1690 y 1696. No está muy claro si esta última venta llegó a formalizarse, pero sí sabemos que el cuarto lo quiso adquirir el Ayuntamiento para poder guardar los toros que se lidiaban en la Plaza de los Fueros durante las fiestas patronales de San Bartolomé. Se acordara o no la cesión, lo cierto es que Pedro de Arraiza no disfrutó mucho de esos mundanales jolgorios, pues pocos años después se retiraba a la entonces denominada Basílica de San Pedro a vivir como ermitaño. Ésta, no era sino una pequeña ermita enclavada a cuatro kilómetros en el campo, a la cual siguen acudiendo hoy en romería los barasoindarras. Más relevancia tiene para nosotros el hecho de que para mejor servir a Dios decidiese donar todos sus bienes, incluida la casa de sus padres y antepasados, a la Villa.

Así consta en los Archivos de Notaría, y lo cierto es que el entonces abad de Barásoain, Francisco de Elorza y Rada (hijo de aquella citada Margarita de Rada), reseñó en un libro publicado en 1714 que a principios de siglo los hijos de Don Lorenzo habían vendido la casa, siendo retirado el escudo, aunque conservado.

No obstante, la fachada ya no volvió a ostentar las armas que por derecho le correspondían, aunque el escudo quedó apoyado en la pared. Así lo recuerdan los nietos del último comprador de la vivienda, Fermín Beorlegui, quienes también señalan que a raíz de unas reformas, a mediados del siglo XX, la familia Arraiza de Pamplona reclamó el escudo y se lo llevó sin que se le pusiera objeción alguna.

Sea como fuere, ciento cincuenta años después de que Pedro de Arraiza donara su casa, ésta pertenecía a Joaquina Fadraque, vecina de Barásoain y viuda de Ciriza (otra vieja familia barasoaindarra), quien la había adquirido anteriormente y en 1852 la cedió a su hija, Pancracia Ciriza, cuando contrajo matrimonio con Saturnino Recalde. Éste último, farmacéutico, ejerció su oficio y vivió en Puente la Reina, donde también residió la hija a la que donaron en 1886 la casa de Barásoain, Dolores Recalde, cuando a su vez casó con el también farmacéutico Esteban Donézar, natural de Leiza.

Por entonces, la finca era descrita como casa situada en jurisdicción de Barásoain y su calle Principal, señalada con el número treinta, linda por la derecha saliendo con calle y plaza pública, izquierda vago común a la misma casa y la de Don Bábil Larralde, y testero casa del mismo Larralde; consta de cuerpo principal cubierto y corral descubierto cerrado de parte formando todo una superficie de veinticuatro metros de longitud y doce metros sesenta y cinco centímetros latitud, o sean trescientos tres metros sesenta decímetros cuadrados: vale cuatro mil pesetas.

Don Estaban y Doña Dolores, tuvieron igualmente su domicilio en Puente la Reina, y tal vez por ello decidieron vender la casa, en 1892, a uno de los ricos hacendados de la Villa, Venancio Larralde, que como descendiente de Bábil Larralde era el propietario del inmueble vecino. La casa tenía ahora como dirección calle Arzobispo Aranguren 17, y el precio convenido para su venta fue de 3.250 pesetas, que el adquiriente pagó en mano. Por esas fechas, su fortuna catastral superaba la muy considerable suma de ocho mil pesetas.

Escudo de Lorenzo de ArrizaVeinte años después, le heredaba su hijo, Amancio Larralde, quien por razones que desconocemos fue vendiendo parte del patrimonio recibido, y así, en 1922, le adquirió el inmueble que nos ocupa un hombre que había marchado a América para hacer fortuna, Fermín Beorlegui.

Los Beorlegui estaban presentes en Barásoain desde las primeras décadas del siglo XIX, y su raigambre en la Valdorba era profunda. Ya en 1590 habían sellado en Pueyo sus contratos matrimoniales Martín Bón y Juana de Beorlegui, antepasada directa del citado Fermín, aunque su ascendiente propiamente dicho era el hermano de ésta, Miguel de Beorlegui, conocido como el menor por tener un hermano mayor del mismo nombre. Todos ellos eran hijos de Joanes de Beorlegui, quien debió nacer en Pueyo a mediados del siglo XVI.

Manuscrito

Algunos de sus descendientes marcharon al cercano Amátriain, donde el tatarabuelo del tatarabuelo de Fermín Beorlegui, Martín, firmó en 1696 como regidor de dicho lugar ante el Valle.

Firma de Martín BeorleguiEl hijo de Martín, Miguel, aún vivió en Amátriain, pero los descendientes de éste fueron casándose y trasladándose por el valle, residiendo en Maquárriain, Solchaga y Garínoain, antes de arribar, por fin, entre 1800 y 1820, en Barásoain.

Aquí llegó en esas fechas, procedente de Garinoain, José Beorlegui, que con el tiempo contraería matrimonio con Ángela Munárriz, la cual por madre y apellido Elizondo procedía de nuestra Villa. José y Ángela tuvieron en 1821 un niño al que llamaron Ramón, que sería el abuelo del Fermín Beorlegui que compró la antigua Casa de Arraiza en 1922.

Florencia ErdozainLa compra no debió ser casual, pero tampoco muy premeditada, pues Fermín tuvo que terminar precipitadamente su experiencia americana al fallecer su esposa, Florencia, en 1921 y tener que regresar para hacerse cargo de sus cinco hijos. Así, adquirió el inmueble por 7.000 pesetas, y en lo que actualmente es la sala de calderas del Hotel abrió un taller de construcción y reparación de carros, razón por la cual su hogar fue conocido como Casa el carrero. De hecho, él fue motejado como el carrero, y el apodo lo heredó el menor de sus nietos varones, José Antonio.

Si en el taller fue ayudado por sus hijos Francisco, Luis e Isidoro, del hogar se hicieron cargo las chicas, Teresa y Demetria, heredándolo finalmente la primera, por ser la mayor de los hermanos y la que en cierto modo jugó el papel de madre y señora de la casa.

Teresa Beorlegui y Benito FresánCon veinticinco años Teresa se unió en matrimonio, en 1932, a Benito Fresán, de Beire, y en esta casa tuvieron y criaron a cinco hijos, Natividad, María Luisa, Tomás, José Antonio y Asunción.

Fue la pequeña, Asunción, quien se quedó a vivir y recibió la Casa el carrero, y aquí, mediada la década de los ochenta del siglo XX, abrió la carnicería que hoy lleva su nombre, y junto a su esposo, Javier Arizu, y su hija Sara, fundó en los albores del siglo XXI el Hotel MERINDADES DE NAVARRA. Aventura en la que colaboró el arquitecto argentino, Ricardo Martínez Beorlegui, nieto de uno de los hermanos de Teresa Beorlegui, Luis, que emulando a su padre Fermín había emigrado a mediados del siglo XX a la Argentina.

Francisco Javier Fresán (Historiador) | Subir

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